La Cabeza del Bautista
La cabeza del Bautista
Enric Palomar
Resumen de críticas
Palomar ejerce de artesano genuino en la bodega de los sonidos. Sus estructuras
llegan claras, no es amigo de vanguardia y experimentos, se inclina hacia la
atmósfera, y siempre subyace un sonido ibérico, un acento que mezcla la noche
clara con lo absoluto, que evoca emociones fuertes pero nunca renuncia a la
elegancia, a la inteligibilidad. Palomar sabe hacer sonar en la orquesta chantaje,
lujuria, erotismo y vehemencia de manera maravillosamente sutil, y allí convencen
siempre Josep Caballé Domènech y la orquesta de Liceu. Nunca traza Domènech de
forma exagerada o estridente aquel enredo de Eros y Avaricia… Persistentemente
emerge casi un mazo sonoro desde el foso, para retirarse discretamente cuando los
cantantes abren la boca. José Manuel Zapata da un Don Igi maravillosamente
retorcido, Alexander Marco-Buhrmeister el brioso macho Jándalo…
Süddeutschen Zeitung, 23 April 2009
“El buen camino de la creación contemporánea”
Parece que la ópera contemporánea va por buen camino, como prueban dos
compositores tan distintos como Cristóbal Halffter con su Lázaro y ahora Enric
Palomar con La cabeza del Bautista que el Liceu encargó y ahora ha estrenado.
Palomar ha ido paso a paso y si en sus obras anteriores ya apuntaba cosas
interesantes, ahora, en su tercer trabajo, está ya muy consolidado….
El compositor ha hecho una música que, siendo actual, no rehuye la melodía, en la
que los momentos más relajados recuerdan a Kurt Weill, mientras que en los de
mayor fuerza dramática impone una orquestación densa y llena de vitalidad que
refleja toda la fuerza del drama, los sentimientos contrastados de miedo, pasión,
chantaje, en un ambiente sórdido, donde se destapan todo tipo de pasiones…
Muy importante ha sido la dirección musical de Josep Caballé-Domènech, que ha
hecho una inmersión en la partitura: ha sacado todo el detalle, sutilezas y la
intensidad necesaria, consiguiendo de la orquesta una muy interesante prestación
al igual que del coro, en un canto nada fácil.
Albert Vilardell, El Mundo, 22 de abril 2009
La creación contemporánea llega al Gran Teatro del Liceo en dosis homeopáticas,
tratamiento no muy saludable cuando la creación lírica vive por todas partes un
momento de ebullición. ... Tercer título estrenado en la sala grande en nueve años,
La cabeza del Bautista evidencia la solidez del talento de Enric Palomar y la
evolución gigantesca desde la floja Ruleta, pasando por la destacable Juana. ...
Enric Palomar tiene bien aprendida la lección del mejor Falla y Gerhard, y el
perfume hispánico, hábilmente actualizado sin corsés, de la partitura brilla en la
primera parte de la obra para dar paso a una paleta más ominosa a medida que la
lujuria y la muerte se adueñan de la trama. ...
Xavier Cester, Avui, 22 d’abril 2009
Tras dos óperas de cámara –Ruleta (1998) y Juana (2006)-, el compositor Enric
Palomar da un paso de gigante en la consolidación de su lenguaje operístico con el
estreno mundial, en el Liceu y a lo grande.
… una partitura de brillante colorido y vigor sinfónico, que Josep Caballé recrea con
estupendos resultados en el foso.… La obra que contiene aciertos incuestionables, y
la calidad del montaje firmado por Carlos Wagner, obtuvieron muy buena acogida
en un estreno que terminó con aplausos casi unánimes…
Ángeles Blancas no deja cabos sueltos en su vigorosa creación de La Pepona. A su
lado se crece el tenor José Manuel Zapata en un papel, Don Igi, muy alejado de su
habitual terreno belcantista….
Palomar consigue en la parte coral –bien defendida por el Coro del Liceusugerentes
matices con un hábil juego de disonancias, pero es en el foso, muy bien
controlado por Caballé-Domènech, donde brillan sus mejores recursos, con un
lenguaje de gran vigor descriptivo y rítmico que se nutre de muchas influencias y
sigue el lenguaje de Falla y Gerhard en el uso de temas y giros de la música
popular.
Javier Pérez Senz, El País, 24 de abril 2009
Crear una ópera con un libreto inspirado en un texto centenario como el de Valle-
Inclán, como ha sucedido con “La cabeza del Bautista” de Enric Palomar estrenada
el lunes en el Liceu, puede parecer desfasado, pero lo cierto es que el drama del
escritor gallego rezuma una rara contemporaneidad; por su parte el compositor
catalán supo empaparse de las aristas de este nudo argumental descarnado y su
partitura brilla con intensidad desde el punto de vista sinfónico
…una obra que, después de ciertos ajustes en la partitura -como lo han hecho
autores de todas las épocas-, podría entrar en el repertorio.
Pablo Meléndez-Haddad, ABC, 24 de abril 2009
Y Salomé se convirtió en Pepona
Esta tercera ópera de Enric palomar, que sigue a Ruleta y Juana tiene en su haber
una media hora final verdaderamente potente con una situación dramática concentrada,
fuerte y bien servida por la música; posee también una orquestación bien resuelta y
un recurso, tanto en el canto como en la parte orquestal, a las raíces profundas de la
música popular hispana que le confieren a la obra un referente de fondo que facilita la
escucha sin caer en el abuso del “color local”.
Xavier Pujol, Revista Scherzo nº241 Mayo 2009
El poder del teatro de Valle-Inclán - CRÓNICA
Prueba superada. El estreno en el Liceu de la ópera La cabeza del Bautista, pieza
procedente del Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte de Valle-Inclán, se ha
saldado con el triunfo de la teatralidad sobre los otros componentes del conjunto de
la creación. La plácida acogida del montaje no hace sino certificar que el público ha
aceptado esta propuesta musical contemporánea dominada por la fuerza del
esperpento.
Sobre Enric Palomar (Badalona, 1964), en estrecha colaboración con el director de
escena Carlos Wagner, ha recaído el reto de dar vida operística a este melodrama.
Y hay que decir que el trabajo conjunto, pegado como una lapa al adaptado texto,
se nota en la factura. Hasta el punto de que la personal y expresionista partitura,
interpretada por la orquesta y coros dirigidos por Caballé-Domènech, recuerda a
una banda sonora.
Y esto, desde la óptica de un montaje estructurado a partir de la prosa, es un logro.
La música acentúa bien los momentos de intensidad dramática, pero en lo relativo
a la vocalización pone en riesgo el equilibrio de los cantantes, sometidos a los
efectos de un brusco ascensor lírico y a monótonos recitativos…
Y a ello contribuye la espectacular puesta en escena en el espacio diseñado por
Alfons Flores –18 billares situados en un paisaje de árboles sin hojas-- y la buena
dirección de Wagner, que ha sabido dotar a los personajes del perfil de esta historia
de surrealistas parámetros hispánicos.
Allí pasan los días de Don Igi (el estupendo tenor José Manuel Zapata), un avaro y
repulsivo indiano que disfruta de la fortuna de un pasado delictivo junto a la
sensual y manipuladora Pepona (la espléndida soprano Ángeles Blancas). La llegada
del chulesco Jándalo (el sólido barítono Marco-Buhrmester), dispuesto a extorsionar
a Don Igi por un crimen del pasado, eleva el pulso narrativo.
Ella seduce al chantajista y propicia su asesinato. Entra en juego la lujuria y un
potente final que nos remite a la ópera Salomé. Pepona besa el cadáver de Jándalo
y clama: «¡Bésame, otra vez, boca de piedra!».
César López Rosell, El Periódico, 24 de abril 2009
El compositor badalonés Enric Palomar (1964) siempre se ha definido por su
eclecticismo. Dejando de lado su obra orquestal e instrumental, el catálogo
operístico (que incluye Ruleta. Ópera para un fin de siglo y Juana) se amplía ahora
con La cabeza del Bautista, encargada por el Gran Teatro del Liceo que ha visto su
estreno absoluto. Y nuevamente la mezcla de estilos hace acto de presencia, pero
no desde el exhibicionismo vacío sino desde el respeto hacia una tradición en que
se encuentran rastros de Falla, Bartók, Shostakóvitch, Stravinski e incluso una cita
de la straussiana Salomé. De hecho, el libreto de Carlos Wagner adapta la pieza
homónima de Valle-Inclán, un esperpento en que el decadentismo de Salomé
proyecta de manera inequívoca su sombra.
Palomar es un excelente orquestrador y La cabeza del Bautista muestra la madurez
del compositor capaz de generar interesantes texturas orquestales, con pasajes
inquietantes para subrayar la negrura del libreto. También es cierto que la aspereza
del lenguaje de Valle-Inclán es enemigo declarado de la música, pero hay recursos
descuidados (como por ejemplo una mínima estructura melódica) que se echan de
menos.
La puesta en escena de Carlos Wagner denota el trabajo del brazo con el director.
El resultado hace plena justicia al espíritu de Valle-Inclán, con algunas referencias
al universo de Buñuel, continuador lógico de la imagen de una España en
decadencia en clave cinematográfica.
El trabajo, sin embargo, deja ver el esfuerzo y los buenos resultados, empezando
por la atenta batuta de Josep Caballé Domènech y de José Luis Basso delante de la
orquesta y el coro titulares del teatro. En escena, Ángeles Blancas es una Pepona
entregada a todos niveles, a pesar de una parte agotadora que la obliga a saltos de
intervalo comprometidos y a mantenerse en el registro sobreagudo a lo largo de la
última media hora. José Manuel Zapata fue un Don Igi de lujo para una parte
igualmente comprometida.
“Dietari operístic”, Jaume Radigales, 21 d’abril 2009
(encargo de la Fundación del Gran Teatro del Liceu de Barcelona)